Lic. Roberto Amigo
La pintura de techos, acompañada de pintura mural, tuvo en la Argentina
un desarrollo tardío, su máxima presencia se registra a partir de las
últimas dos décadas del siglo XIX.
Su principal motivo fue alegórico, derivado del repertorio establecido
por la enseñanza académica con los deslizamientos de significados de las
alegorías ocurridos durante el siglo XIX. Desde luego, las pinturas
representaron el repertorio ornamental, originado en las logias vaticanas
rafaelescas, establecido por la circulación de manuales y catálogos durante
el siglo XIX.
El principal soporte físico de los programas decorativos alegóricos fueron
residencias gubernativas, templos religiosos, teatros, y residencias
particulares (especialmente palacios, petit-hoteles y en menor medida casas
de patios). En muchos casos fueron óleos sobre tela ubicados en cielo rasos
y muros, sin utilización de técnicas de pintura muraria.
Interesa en este caso, de forma general, la fortuna de los techos pintados
en las residencias particulares. La conservación de las mismas ha tenido
una suerte dispar: podemos sostener la pérdida de la mayor parte de las
realizadas, salvo la de palacios cuyo destino actual son embajadas, museos
y ministerios. La de petit-hoteles y casas de patio falta realizar un
relevamiento que de cuenta de su cantidad y calidad, sumado a la dificultad
de la ausencia de registro documental. La mayoría de los pintores que se
ocupaban de las decoraciones de muros y techos eran extranjeros,
destacándose Francesco Parisi, y reiteraban los contenidos europeos en
los motivos ilusiconísticos.
Las pinturas de Carlos Calvo 1440 tienen un valor extraordinario: son un
ejemplo de alto valor plástico de "la pintura de techos de tema nacional".
Es decir que su programa decorativo se sostiene en la representación de
tipos y paisajes de la llanura bonaerense, abandonando los programas
alegóricos derivados de la pintura renacentista, acorde con el contexto de
las ideas de un arte nacional basado en la representación de asuntos
históricos y costumbristas.
El primer ejemplo destacado de la pintura de techos de asunto nacional fue
la obra de Miguel Pallejá en la Quinta de Lezama en 1887, hoy perdida.
Curiosamente es la misma fecha de terminación de obra de la casa que nos
ocupa. Podemos sostener como hipótesis que la de ésta haya sido realizada
a fines de siglo por el taller de decoración de Reinaldo Giudici y su hermano.
Las pinturas de Carlos Calvo tienen una enorme importancia tanto por
su valor artístico como por ser el testimonio histórico de la circulación de
ideas estéticas de fuerte presencia en la construcción de la nación. Nos
permite comprender cómo la representación de una idea de nación también
pertenece al ámbito de lo doméstico y cotidiano.
Además, las pinturas de Carlos Calvo 1440 son las únicas factibles de ser
documentadas por su estado de conservación, cuando la desidia ha condenado
a la destrucción a nuestro patrimonio de pintura de cielo rasos de
arquitectura doméstica.